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El hijo del ferroviario

Como en la canción de Víctor Manuel mi vida transcurrió siempre entre trenes, yo también soy el hijo del ferroviario, sólo que a diferencia de él yo sí recuerdo haber tenido de niño un Ibertrén de juguete, muy básico: una máquina, dos vagones y una vía circular que a mí se me antojaba de lo más aburrido, quizá porque tenía los ojos y los oídos tan hechos a las imágenes y las conversaciones sobre trenes, que aquello me parecía un auténtico fiasco. De niño el tren era el que comunicaba la aldea donde vivía (los asturianos siempre han llamado así a lo que ahora eufemísticamente se denomina “zona rural”) con el centro de la ciudad, en él volvían mis hermanas del colegio, en él “bajábamos” los sábados que tocaba a Gijón de compras con mi tía, lo que era un auténtico acontecimiento; y en él viajé con Enrique a conocer “su” Oviedo por primera vez cuando aún no había cumplido los ocho años, un tren se lo llevó a él también por delante pero eso da para otra historia y no...